lunes, septiembre 07, 2009

Promesas

Now Playing

Words are flowing out
like endless rain into a paper cup

They slither while they pass
they slip away across the universe

Pools of sorrow, waves of joy
are drifting through my open mind
Possessing and caressing me.

Jai guru deva om
Nothing’s gonna change my world
Nothing’s gonna change my world

Images of broken light
which dance before me like a million eyes
They call me on and on
across the universe.

Thoughts meander like a restless wind
inside a letter box
they tumble blindly as they make their way
Across the universe

Jai guru deva om
Nothing’s gonna change my world,
Nothing’s gonna change my world.

Sounds of laughter shades of earth
are ringing through my open views
inciting and inviting me

Limitless undying love
which shines around me like a million suns
it calls me on and on
Across the universe

Jai guru deva om
Nothing’s gonna change my world,
Nothing’s gonna change my world.

- The Beatles -


Primero, oigan la canción, acompañada de imágenes del universo (se recomienda oírlo mientras usted lee los siguientes párrafos)

Noches como ésta me hacen pensar en muchas cosas. Sobre todo, me sacan recuerdos.

Por ejemplo, hay una persona importante en mi vida que juró y perjuró leer todo lo que yo escribiese aquí (porque, según dice, escribo bien). ¿Qué ha pasado?

Soy un científico, interpreto los resultados que veo. Mi conclusión: Esa persona no está leyendo estas líneas. La pregunta del millón es: ¿Por qué?

Ahí es donde la cosa se pone fea, como científico. La teoría con mayor posibilidad es que simplemente no le importa tanto como dijo alguna vez. La siguiente teoría tiene que ver con la falta del uso de tecnología de información. La siguiente tiene que ver con la memoria a mediano y largo plazo.

Me propongo, como siempre, experimentar. Si usted, querido lector o lectora ha llegado hasta este punto, lo más seguro es que yo no esté hablando de usted. Puede seguir leyendo sin problemas lo que tengo que decir.



He dejado de hacer promesas. Le doy mucho peso a la palabra de las personas que conozco porque confío en ellas. Sé que vivo en un país donde la palabra casi no tiene valor, pero lo seguía haciendo.

Con los años me di cuenta de que un par de personas en las que confío ha roto su palabra en promesas a largo plazo y me hizo perder la fe en las promesas. Son justos por pecadores, pero no supe reaccionar de otra manera.

Decidí desahogarme aquí porque estoy casi seguro que dicha persona que me prometió no está cumpliendo; lo cual quiere decir que no sabrá que estoy quejándome y que estoy hablando de esa persona en específico. Así, cuando volvamos a vernos las caras, no sabrá que escribí denunciando al mundo que esa persona no sabe cumplir promesas, que yo confié y que fui defraudado. Seguiremos la vida como si nada hubiera pasado y yo no le diré nada más.

Pero usted, quierido lectora, quierida lectora sabe que esa persona ya no es de fiar. Si un día la encuentran en la calle, eviten todo contacto. Si me ven con esa persona, hagan como si no me conocieran. Yo sabré que es porque quieren evitar que una persona tan desconfiable entre en sus vidas. Yo no me enojaré con usted y cuando nos veamos, le diré lo mucho que agradezco haberme ignorado. Entonces, usted (y yo) podremos jactarnos de poder ser selectivos en nuestras vidas. Discriminaremos en base a la actitud y al ser de cada persona y no en base a su color de piel, sexo, o religión.

Sé que yo nunca fui tan confiable, tal vez lo merezco.
Publicar un comentario