sábado, septiembre 03, 2011

Ellas no se enamoran de un escritor

Now Playing:

She liked her blues played sweetly and slow, yeah

- Louis Armstrong -
Acabo de leer de nuevo ese escrito, "Date a girl who reads" y gracias a la poderosa mezcla del Blues viejito y las letras y los sentimientos me vino a la cabeza este texto. Tómenlo como quieran, no soy un experto ni en las relaciones ni en la escritura. Sólo escribo por lo que me ha pasado.

Ellas no se enamoran de un escritor. Se enamoran fácilmente de un deportista, un guitarrista, bajista o baterista competente, de un cómico, un actor, un bailarín y hasta de un borracho, pero no de un escritor.

Ellas ven, al principio, una mirada, una postura, una sonrisa o una forma de decir "Hola!". Algunas ven la marca de la ropa que usas, el auto que manejas y los lugares a los que sales, pero ésas no suelen tener nada interesante que aportar así que no cuentan para estas letras. Las que sí cuentan ven las cosas más pequeñas, las más importantes y que no pueden ser compradas ni falseadas por ninguna cantidad de dinero.

Ellas, desde luego, ven al escritor o al deportista o al guitarrista cuando sonríe y es en esa sonrisa cuando se da la primera chispa. Hay una ligerísima conexión que incita a descubrir más a ese chico, sea escritor o deportista. Hay algo que atrae y que las lleva consciente o inconscientemente a desentrañar ese misterio, adentrarse en un ser humano desconocido y que promete ser interesante.

Pero ese primer encanto se va tarde o temprano; el misterio aparente a veces no lo es o el suspenso no es tan intenso como ella pensaba. Ella buscaba algo.

Ellas buscan a alguien que esté con ellas y ven que a menudo el escritor se encierra por largos ratos a cualquier hora del día, pero no saben que el escritor les regala letras para estar siempre con ellas, para nunca alejarse de ellas.

Ellas buscan a alguien que tenga los pies en la tierra y ven a un chico que constantemente tararea mientras intenta ver todo, que cierra los ojos y sonríe sin razón aparente; pero no saben que el escritor no quiere plantar sus pies tan pequeños en una tierra tan grande sin antes haberla explorado; no le es suficiente quedarse en el aquí y ahora y quiere que ellas también compartan esa curiosidad.

Ellas buscan a alguien que las proteja y ven a un chico con plumas y cuadernos de todos tamaños y colores. No saben que el escritor, aunque sea un mal peleador, nunca deja de levantarse y defiende las ideas porque son lo más propio de cada uno.

Ellas buscan a alguien que sepa satisfacerlas y ven a alguien que es torpe dentro y fuera de la cama. Ellas no saben que para el escritor la unión de los cuerpos es vital, pero no todo. El escritor sabe que es tan emocionante la meta como el camino que lleva a ella, sabe que la exploración, la aventura y la ignorancia también son parte del cuento y muy necesarios para armar el mejor clímax.

Ellas buscan nuevas emociones, nuevos lugares, nuevas experiencias y ven a alguien que no para de leer, de distraerse, de escribir. El escritor sabe que para tener nuevas experiencias no hace falta nada más que cambiar de perspectiva, ver las situaciones viejas desde nuevos ángulos. Ellas quieren vivir cosas nuevas, pero no saben que el escritor necesita vivir cosas nuevas sin parar.

Ellas buscan muchas cosas que el escritor suele tener; desgraciadamente en muchos casos el escritor simplemente es confuso, desordenado y atolondrado. Tiene la idea, pero no sabe comunicarla como debe ser y se encierra en su cuarto a escribir esperando que el internet lo lea.
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